
Taller Aceptación de la Epilepsia
Un diagnóstico de epilepsia grave lo cambia todo. Aprender a gestionarlo también es posible.
Afrontar el diagnóstico de una enfermedad neurológica grave es uno de los momentos más duros a los que puede enfrentarse una persona. Todas las certezas se vienen abajo de golpe, y frente a uno se abre un futuro incierto que genera miedo, confusión y una sensación de pérdida de control difícil de gestionar. Las reacciones más comunes ante este tipo de diagnósticos son el rechazo, la negación y la ira. Son reacciones completamente lógicas y muy humanas, pero también son reacciones que hay que aprender a superar para poder tomar las riendas de la nueva situación.

Desde APEMSI lo llamamos el laberinto invisible: ese estado de emociones confusas y contradictorias en el que uno se siente atrapado tras recibir un diagnóstico de epilepsia grave. En ese laberinto hay dos caminos posibles. El negativo lleva al aislamiento y la autocompasión, una espiral que con frecuencia desemboca en depresión. El positivo implica informarse, implicarse en el tratamiento, buscar apoyo en el entorno familiar y social, y aprender a expresar los sentimientos que provoca la nueva circunstancia vital.
En este taller trabajamos la aceptación de la epilepsia con el programa de Terapias de Aceptación y Compromiso, un enfoque terapéutico centrado en aceptar el dolor como parte inevitable de la vida y en comprometerse con acciones que tengan valor personal, incluso en presencia de ese dolor.
La aceptación no significa resignarse ni rendirse. Significa reconocer que hay circunstancias que no podemos controlar, cambiar las expectativas sobre sus consecuencias y centrar la energía en aquello que sí está en nuestras manos. Significa también desarrollar la flexibilidad mental necesaria para cambiar el significado de las situaciones difíciles y encontrar en ellas nuevas oportunidades.
Queremos lanzar un mensaje de esperanza: la vida no se paraliza con el diagnóstico. Cambia, sí. Pero ese cambio también trae nuevas oportunidades que merece la pena abrazar.