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Raquel Calle

En esta respuesta

Qué es la epilepsia. Por qué se produce. Cómo de frecuente es.

En pocas palabras

Esta respuesta explica la diferencia entre una crisis epiléptica y la epilepsia, repasa los principales tipos de crisis y aborda sus causas y frecuencia.

Ideas clave

Diferencia entre crisis epiléptica y epilepsia.

Principales tipos de crisis epilépticas.

Causas y frecuencia de la epilepsia.

Vídeo resumen

Introducción

La epilepsia durante siglos se asoció de manera errónea a fenómenos de origen sobrenatural, extraños o inexplicables, lo que condenó a muchas personas a ocultar su diagnóstico por un comprensible miedo a la discriminación o al rechazo social. Afortunadamente, a día de hoy, la ciencia y la madurez social nos permiten abordarla con naturalidad como lo que es: una enfermedad neurológica que requiere un diagnóstico preciso y un tratamiento personalizado.

Uno de los mayores desafíos para los pacientes y sus familias es el desconocimiento inicial, que puede provocar miedo, confusión y ansiedad al recibir el diagnóstico. Sin embargo, la experiencia demuestra que una información clara, contrastada y fiable transforma ese temor en seguridad y en un deseo activo de comprender la patología para preservar la mejor calidad de vida. El objetivo de este documento es responder, de forma rigurosa y comprensible, a tres preguntas fundamentales: ¿Qué es la epilepsia?, ¿Por qué se produce? y ¿Cómo de frecuente es?

¿Qué es la epilepsia y qué es una crisis epiléptica?

Para comprender correctamente esta condición, resulta imprescindible diferenciar dos conceptos que frecuentemente tienden a confundirse en el lenguaje cotidiano: la crisis epiléptica como un evento aislado y la epilepsia como la condición médica o enfermedad de base.

¿Qué es una crisis epiléptica?

Nuestro cerebro funciona como una compleja red interconectada por millones de células llamadas neuronas, que se comunican entre sí mediante pequeñas descargas eléctricas muy bien coordinadas. Una crisis epiléptica es, en esencia, una alteración brusca, inesperada y transitoria de este funcionamiento armónico. Ocurre cuando un grupo más o menos amplio de neuronas comienza a emitir descargas eléctricas de forma excesiva, súbita y demasiado sincronizada.

Las crisis epilépticas tienen un inicio repentino y una duración habitualmente breve, que por lo general oscila entre unos pocos segundos y escasos minutos. Sus manifestaciones clínicas varían dependiendo de la región del cerebro donde se localice ese grupo de neuronas y de la velocidad con la que se extienda la descarga por la corteza cerebral.

Crisis provocadas vs. crisis no provocadas

Para los neurólogos, entender el contexto de una crisis es clave: nos dice si es un problema transitorio o si se trata de epilepsia.

Crisis sintomáticas agudas (o provocadas)

Son crisis epilépticas que ocurren en una relación temporal muy estrecha e inmediata con una agresión, lesión o daño directo en el cerebro (normalmente en los primeros 7 días). Este estímulo puede ser una alteración analítica de sangre (como una bajada/subida drástica de azúcar, sodio…), una infección activa del sistema nervioso central, un traumatismo intenso en la cabeza, un ictus en su fase aguda o el efecto directo del consumo o la retirada brusca de ciertas sustancias tóxicas como el alcohol, benzodiacepinas.

Lo fundamental de estas crisis es que, si se trata y se corrige la causa, el cerebro recupera por completo su equilibrio eléctrico funcional y las crisis remiten. Por lo tanto, este tipo de crisis provocadas no se consideran epilepsia.

Crisis no provocadas

Son aquellas crisis que se producen sin desencadenante inmediato o reversible. Pueden suceder de forma completamente espontánea o ser el resultado tardío de una «cicatriz» física antigua en el tejido cerebral (denominada crisis sintomática remota), como la cicatriz que deja un infarto cerebral meses o años atrás. Cuando un paciente experimenta crisis no provocadas y estas se repiten a lo largo del tiempo, establecemos el diagnóstico de epilepsia.

¿Qué es la epilepsia?

Una única crisis epiléptica aislada en la vida no implica ser diagnosticado de epilepsia. Cualquier cerebro sano, si es sometido a un estrés extremo o a una agresión física severa, puede llegar a sufrir una crisis epiléptica aislada. Decimos que una persona padece epilepsia cuando su cerebro muestra una predisposición, continuada y duradera a lo largo del tiempo para repetir estas crisis de forma espontánea y no provocada.

De acuerdo con los consensos actuales de la Liga Internacional contra la Epilepsia (ILAE), la definición actual va un paso más allá de lo puramente físico e incluye de forma explícita las consecuencias neurobiológicas, cognitivas, psicológicas y sociales que esta condición ejerce sobre la persona y su entorno. Hoy en día, se establece el diagnóstico formal de epilepsia bajo tres supuestos clínicos principales:

  • Si el paciente ha presentado al menos dos crisis epilépticas no provocadas con una separación mayor de 24 horas entre una y otra.
  • Si el paciente ha tenido una única crisis epiléptica no provocada y las pruebas complementarias realizadas muestran que existe un riesgo elevado (mayor al 70%) de volver a sufrir nuevas crisis.
  • Si las características de las crisis, la edad del paciente y los hallazgos en estudios como el electroencefalograma permiten diagnosticar de manera directa un síndrome epiléptico específico.

Tipos de crisis epilépticas: una mirada comprensible

Dado que las manifestaciones de la epilepsia son extraordinariamente diversas, la Liga Internacional contra la Epilepsia clasifica las crisis epilépticas en focales y generalizadas. Esta distinción depende fundamentalmente de cómo y dónde empieza la descarga eléctrica en el cerebro.

Crisis focales

En este tipo de crisis, la descarga eléctrica anómala se origina y se limita a una zona concreta de un hemisferio cerebral. Los síntomas dependen de la función que tenga ese área específica del cerebro (como el control del movimiento, la visión o las emociones).

El principal criterio médico para clasificar estas crisis es evaluar el estado de consciencia:

  • Crisis focal con consciencia preservada: La persona percibe todo lo que ocurre a su alrededor y puede describir lo sucedido al terminar.
  • Crisis focal con consciencia alterada: El paciente pierde la conexión con el entorno. La descarga interfiere con la capacidad de responder o de recordar lo sucedido.

¿Qué otros síntomas se pueden manifestar durante una crisis epiléptica? Las crisis focales se dividen a su vez en función de si los síntomas que presenta el paciente se puede ver desde fuera o no:

  • Con manifestaciones observables (antiguamente llamadas «motoras»): Son aquellas crisis donde los síntomas o movimientos involuntarios pueden ser identificados. Ejemplos: movimientos automáticos repetitivos como chuparse los labios o abrocharse la ropa (automatismos), sacudidas rítmicas de un brazo o una pierna, o que una parte del cuerpo se quede completamente rígida.
  • Sin manifestaciones observables (antiguamente llamadas «no motoras»): Son crisis que consisten únicamente en una experiencia interna del paciente. Desde fuera no se aprecia nada, pero la persona lo está sintiendo. Ejemplos: una ráfaga súbita de miedo intenso o angustia, notar un olor o sabor extraño, ver destellos de luz, sentir hormigueos en un lado del cuerpo, o la sensación de «ya vivido» o déjà vu.

En ciertas ocasiones, una descarga que se inicia en un punto focal puede propagarse con rapidez por toda la corteza cerebral, transformándose secundariamente en una crisis tónico-clónica.

Crisis generalizadas

En este grupo de crisis, se produce una activación conjunta, masiva y simultánea de las neuronas de ambos hemisferios cerebrales desde el inicio de la crisis. Siguiendo las directrices actualizadas de la ILAE, las formas más importantes que las familias deben conocer son:

  • Crisis tónico-clónicas generalizadas: Comienzan de forma súbita con pérdida de conocimiento y posteriormente presentan una fase de rigidez generalizada en todo el cuerpo (fase tónica), seguida de sacudidas musculares rítmicas y bruscas en las extremidades (fase clónica). Al terminar, el paciente entra en un sueño profundo de recuperación (periodo postcrítico).
  • Crisis de ausencia: Consisten en una desconexión del entorno breve, de apenas unos segundos. El paciente se queda inmóvil, con la mirada fija, y retoma de inmediato lo que estaba haciendo en cuanto termina.
  • Crisis mioclónicas generalizadas: Se manifiestan como sacudidas corporales breves, súbitas y bruscas, similares a un sobresalto intenso, localizadas preferentemente en los brazos.
  • Crisis atónicas generalizadas: Consisten en una pérdida súbita y completa de la fuerza muscular. Duran escasos segundos y provocan desplomes directos de la cabeza o caídas bruscas.
  • Crisis tónicas: El paciente experimenta una rigidez muscular brusca y prolongada de todo el cuerpo o de los miembros (de segundos a minutos), habitualmente con pérdida de consciencia y riesgo de caída.
  • Espasmos epilépticos: Son movimientos breves (de 1 a 2 segundos) que consisten en una flexión o extensión súbita del tronco y los brazos. Son muy característicos de los primeros meses de vida (lactantes) y suelen ocurrir en salvas.

¿Por qué se produce la epilepsia?

La epilepsia no debe contemplarse como una enfermedad idéntica en todos los pacientes. En realidad, cualquier proceso, patología o agresión que sea capaz de alterar la estructura o el funcionamiento interno de las neuronas de la corteza cerebral puede dar origen a la predisposición a generar crisis. La ILAE clasifica las causas de epilepsia en seis grandes grupos, algo fundamental para guiar el tratamiento adecuado:

  • Genética: La epilepsia se debe a una alteración en los genes. Es muy importante aclarar que «genético» no siempre significa «hereditario»; pueden ser mutaciones nuevas que aparecen por primera vez en ese paciente, no presentes en sus progenitores.
  • Estructural: Provocada por una lesión física visible en el cerebro (como tumores, ictus, malformaciones o cicatrices de traumatismos). La mayoría de estas causas estructurales son identificables en las pruebas de neuroimagen (resonancia magnética).
  • Metabólica: Provocadas por trastornos bioquímicos que alteran el funcionamiento neuronal.
  • Infecciosa: Secuela directa de una infección previa en el sistema nervioso central.
  • Inmunológica: Producida por defensas del propio cuerpo que atacan por error a proteínas del tejido cerebral, provocando una inflamación cerebral que desencadena crisis.
  • Desconocida: Aquella cuyo origen exacto no se puede determinar tras realizar todas las pruebas médicas necesarias. Aproximadamente un tercio (el 33%) del total de las personas diagnosticadas de epilepsia en el mundo.

¿Cómo de frecuente es la epilepsia?

La epilepsia es el segundo trastorno neurológico crónico más frecuente, superado únicamente por las cefaleas (dolores de cabeza). Para entender su impacto real en la sociedad, la medicina utiliza dos indicadores clave: la prevalencia y la incidencia.

Prevalencia: ¿cuántas personas padecen la enfermedad?

La prevalencia nos dice cuánta gente convive con la enfermedad. Hablamos de epilepsia activa cuando una persona ha tenido al menos una crisis en los últimos cinco años o necesita tomar medicación diaria. A nivel mundial, afecta a entre 4 y 8 de cada mil personas.

Si trasladamos el foco a nuestra realidad en España, disponemos del Estudio epidemiológico «EPIBERIA». Adaptando sus conclusiones a la población actual de 2026, las cifras son las siguientes:

  • En España: Cerca de 280.000 personas padecen epilepsia activa. Si sumamos a quienes la tuvieron en el pasado pero ya están curados (epilepsia inactiva), descubrimos que más de 700.000 españoles han experimentado la enfermedad en algún momento de su vida (casi 15 de cada 1.000 habitantes).
  • En Andalucía: Alrededor de 50.000 andaluces conviven actualmente con epilepsia activa, y se estima que unos 77.000 más la han superado o han tenido alguna crisis a lo largo de su vida.

Incidencia: ¿cuántos casos nuevos aparecen al año?

Cada año se detectan entre 31 y 57 casos por cada 100.000 habitantes. En términos prácticos, esto significa que en España se diagnostican entre 15.000 y 27.000 casos nuevos de epilepsia al año. Y en Andalucía unos 4.000 casos nuevos al año.

Distribución por edades: la «curva en U»

La epilepsia puede aparecer en cualquier momento, pero su inicio no es uniforme. Sigue una gráfica en forma de «U», concentrándose sobre todo en los dos extremos de la vida:

  • La infancia y adolescencia: El primer pico ocurre en los primeros años de vida, debido principalmente a factores genéticos, problemas durante el nacimiento o anomalías en el desarrollo del cerebro.
  • Los mayores de 65 años: El segundo gran incremento se da en la tercera edad. En los ancianos, las crisis suelen ser consecuencia de otras patologías acumuladas, como los ictus (accidentes cerebrovasculares) o enfermedades neurodegenerativas (como el Alzheimer).

Conclusiones y recomendaciones clave

El control de la epilepsia es un trabajo en equipo entre el paciente, el neurólogo y su entorno. Aunque el diagnóstico preciso y el tratamiento farmacológico son los pilares médicos, el día a día y el estilo de vida son cruciales para el éxito del tratamiento. Las pautas fundamentales son:

  • Adherencia estricta: Tomar la medicación diariamente respetando los horarios pautados para evitar olvidos.
  • Higiene del sueño: Asegurar un descanso regular y reparador, ya que la privación de sueño es uno de los desencadenantes de crisis más frecuente.
  • Evitar tóxicos: El alcohol y las sustancias estimulantes reducen la resistencia del cerebro ante una crisis.
  • Saber actuar ante una crisis: Mantener la calma, proteger la cabeza de golpes, colocar a la persona de lado (posición lateral de seguridad) y controlar el tiempo, evitando siempre introducir objetos en la boca o frenar los movimientos por la fuerza.
  • Comunicación abierta: Llevar un diario de crisis y efectos secundarios es la hoja de ruta esencial para que el neurólogo pueda personalizar el tratamiento en la consulta.

Mirando al futuro con optimismo

La epilepsia es una realidad médica de enorme magnitud que afecta a miles de personas en nuestra comunidad. Sin embargo, el panorama actual es sumamente esperanzador: gracias a los tratamientos actuales, alrededor del 70% de las personas logran controlar por completo sus crisis, manteniéndose libres de ellas y desarrollando una vida plena y normalizada.

Conocer estas cifras y pautas nos debe ayudar a visibilizar la enfermedad en la sociedad, exigir mejores recursos asistenciales y, sobre todo, eliminar de forma definitiva el estigma social y el miedo que todavía la rodean. La información fiable y el apoyo mutuo son las mejores herramientas para aprender a convivir con seguridad. ¡Recuerda que estamos en la consulta para acompañarte y responder a cada una de tus preguntas!

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