Fotografía de José David Herrera
José David Herrera

Neurólogo · Unidad de Epilepsia

Hospital Universitario Virgen de las Nieves · Granada

En esta respuesta

Qué son las encefalopatías epilépticas.

En pocas palabras

La respuesta introduce las encefalopatías epilépticas y del desarrollo y organiza la información en torno a sus causas, síntomas, diagnóstico, tratamiento y evolución.

Ideas clave

Qué significa encefalopatía epiléptica y del desarrollo.

Causas, síntomas y ejemplos principales.

Diagnóstico, tratamiento y evolución.

Vídeo resumen

Las encefalopatías epilépticas y del desarrollo son un grupo de enfermedades neurológicas en las que las crisis epilépticas y la actividad eléctrica anormal del cerebro pueden afectar al desarrollo, al aprendizaje, a la conducta y a la calidad de vida de la persona. Muchas de ellas comienzan en los primeros meses o años de vida y requieren un seguimiento médico especializado y multidisciplinar.

Aunque existen distintos síndromes y enfermedades dentro de las encefalopatías epilépticas, todas comparten una característica común: el cerebro en desarrollo es especialmente vulnerable a las crisis epilépticas y a la actividad eléctrica anormal mantenida. Por este motivo, el tratamiento no solo busca reducir o controlar las crisis, sino también proteger el desarrollo cognitivo, motor, conductual y emocional del niño.

¿Qué significa “encefalopatía epiléptica y del desarrollo”?

El término “encefalopatía” significa “alteración o afectación del funcionamiento cerebral”. En las encefalopatías epilépticas, la actividad epiléptica no solo produce crisis, sino que también puede contribuir al deterioro del desarrollo y de distintas funciones cerebrales.

En algunos pacientes, las propias crisis repetidas y la frecuente actividad epiléptica cerebral interfieren en funciones como el aprendizaje, el lenguaje, la atención o la conducta. Cuando la actividad epiléptica es la principal responsable de este problema hablamos de “encefalopatía epiléptica”.

Sin embargo, en muchos niños existe además una alteración genética, estructural o metabólica del cerebro que, por sí misma, ya afecta al desarrollo neurológico y favorece la aparición de epilepsia. En estas situaciones, tanto la enfermedad de base como la propia actividad epiléptica contribuyen conjuntamente a las dificultades del desarrollo. Por ello, actualmente se utiliza el término “encefalopatía epiléptica y del desarrollo”.

Este concepto ayuda a entender que, en muchos pacientes, el problema no depende únicamente de las crisis epilépticas, sino también de la alteración cerebral que origina la enfermedad.

¿Por qué aparecen?

Las causas son muy variadas y, en muchos casos, complejas. Entre las principales causas se encuentran:

  • Causas genéticas: son una de las causas más frecuentes. Se producen por cambios o mutaciones en genes importantes para el funcionamiento de las neuronas y de las conexiones cerebrales. Uno de los ejemplos más conocidos es el síndrome de Dravet, relacionado en muchos casos con mutaciones en el gen SCN1A. Otros ejemplos son la encefalopatía epiléptica asociada al gen CDKL5 o la relacionada con mutaciones en el gen PCDH19. Muchas de estas alteraciones aparecen “de novo”, es decir, por primera vez en el niño y sin antecedentes familiares.
  • Alteraciones estructurales del cerebro: existen lesiones o malformaciones cerebrales que favorecen la aparición de estas epilepsias. Entre las causas estructurales más frecuentes se encuentran las displasias corticales y otras malformaciones del desarrollo cerebral como la polimicrogiria, lisencefalia o hemimegalencefalia. También pueden aparecer como consecuencia de lesiones vasculares, infecciones o hemorragias cerebrales.
  • Enfermedades metabólicas y mitocondriales: algunos trastornos que afectan al metabolismo o a la producción de energía de las células cerebrales pueden originar encefalopatías epilépticas.
  • Causas inmunológicas o inflamatorias: en algunos casos menos frecuentes, el sistema inmunitario puede reaccionar de forma anómala y atacar determinadas estructuras del cerebro.
  • Causa desconocida: a pesar de los importantes avances en genética, neuroimagen y otras técnicas diagnósticas, en algunos pacientes todavía no es posible identificar una causa concreta.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de las encefalopatías epilépticas y del desarrollo pueden variar mucho de un niño a otro. Algunas formas comienzan en los primeros días o meses de vida, mientras que otras aparecen más adelante, durante la infancia.

Las crisis epilépticas son uno de los síntomas principales y pueden manifestarse de formas muy diferentes. Algunos niños presentan movimientos bruscos o sacudidas repentinas, conocidos como espasmos epilépticos; otros pueden quedarse rígidos, desconectarse durante unos segundos, realizar movimientos repetitivos o presentar convulsiones. Cada niño puede tener un tipo de crisis distinto y, en muchos casos, aparecen varios tipos diferentes a lo largo de la enfermedad.

Además de las crisis epilépticas, muchos niños presentan alteraciones en el desarrollo neurológico. Estas pueden manifestarse como retraso en el desarrollo, dificultades en el lenguaje, el aprendizaje o problemas en la movilidad.

Las alteraciones conductuales también son muy frecuentes en estas enfermedades. Algunos niños pueden presentar irritabilidad, impulsividad, hiperactividad, dificultades para relacionarse con otras personas, problemas para gestionar las emociones o conductas similares a las observadas en los trastornos del espectro autista.

Algunos ejemplos de encefalopatías epilépticas

Entre las más conocidas se encuentra el síndrome de West, que suele aparecer durante el primer año de vida y se caracteriza por espasmos epilépticos y alteraciones típicas en el electroencefalograma (EEG), conocidas como hipsarritmia.

Otro ejemplo es el síndrome de Dravet, producido con frecuencia por alteraciones genéticas como mutaciones en el gen SCN1A. Generalmente comienza en los primeros años de vida con crisis relacionadas con la fiebre y, con el tiempo, puede asociar dificultades cognitivas, conductuales o motoras.

También destaca el síndrome de Lennox-Gastaut, una encefalopatía epiléptica compleja que puede tener diferentes causas y que se caracteriza por distintos tipos de crisis, especialmente las crisis con rigidez o crisis tónicas, junto con alteraciones del EEG y dificultades en el desarrollo.

Además de estos síndromes, existen muchas otras encefalopatías epilépticas con causas, síntomas y evolución muy diferentes entre sí.

¿Cómo se diagnostican?

El diagnóstico de las encefalopatías epilépticas y del desarrollo requiere una valoración especializada por parte de neuropediatras o neurólogos especializados en epilepsia. Para ello, además de la exploración clínica, suelen realizarse distintas pruebas que ayudan a identificar el tipo de epilepsia y su posible causa.

La historia clínica y la exploración neurológica son fundamentales. Es importante conocer cómo son las crisis, a qué edad comenzaron, cómo está evolucionando el desarrollo del niño y si existen antecedentes familiares de epilepsia u otras enfermedades neurológicas.

Una de las pruebas más importantes es el electroencefalograma (EEG), que registra la actividad eléctrica del cerebro. Esta prueba permite detectar alteraciones epilépticas características y, en algunos casos, puede orientar hacia un síndrome concreto. También suele realizarse una resonancia magnética cerebral, que ayuda a identificar malformaciones del desarrollo cerebral u otras lesiones que puedan representar la causa de la enfermedad.

En los últimos años, los estudios genéticos han adquirido una gran importancia. Gracias a estas técnicas, actualmente es posible identificar la causa genética en muchos pacientes, lo que puede ayudar a comprender mejor la enfermedad y orientar mejor el tratamiento.

Dependiendo de cada caso, pueden ser necesarias otras pruebas complementarias, como estudios metabólicos, análisis inmunológicos, punción lumbar o evaluaciones neuropsicológicas.

¿Cómo se tratan?

El tratamiento de las encefalopatías epilépticas y del desarrollo debe adaptarse de forma individual a cada persona, ya que no todas las enfermedades responden igual a los mismos tratamientos. Los medicamentos antiepilépticos son la base del tratamiento y su objetivo principal es reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis. Existen numerosos fármacos disponibles y la elección depende del tipo de epilepsia y de la causa que la produce.

En algunos niños, la dieta cetogénica puede ser una opción útil. Se trata de una dieta especial, rica en grasas y baja en hidratos de carbono, que en determinados pacientes consigue disminuir el número de crisis. Algunas encefalopatías epilépticas también pueden beneficiarse de tratamientos hormonales o inmunológicos, especialmente cuando existe un componente inflamatorio.

La cirugía de epilepsia puede ser una alternativa en algunos pacientes, especialmente cuando las crisis se originan en una lesión localizada del cerebro. Además, existen otros procedimientos quirúrgicos, como la implantación del estimulador del nervio vago o la callosotomía, que pueden ayudar a reducir las crisis más graves o aquellas que provocan caídas y lesiones importantes.

En los últimos años se han producido importantes avances en la llamada “medicina de precisión”. Actualmente, algunas enfermedades genéticas pueden tratarse con terapias dirigidas a mecanismos concretos relacionados con su causa. Además, la investigación continúa avanzando rápidamente, con el objetivo de desarrollar tratamientos cada vez más específicos, eficaces y personalizados para cada paciente.

¿Cuál es el pronóstico y evolución?

La evolución de las encefalopatías epilépticas y del desarrollo es muy variable y depende de factores como la causa de la enfermedad, la edad de inicio o la respuesta al tratamiento. Algunos niños consiguen un buen control de las crisis y alcanzan un grado importante de autonomía, mientras que otros presentan epilepsias más complejas y necesitan apoyos continuos.

Aunque muchas de estas enfermedades son crónicas, los avances en el diagnóstico y los tratamientos están mejorando progresivamente la calidad de vida de los pacientes y sus familias. Además, la investigación en genética y nuevas terapias está abriendo posibilidades cada vez más esperanzadoras. En este contexto, el diagnóstico precoz, un tratamiento individualizado y el apoyo médico, psicológico y social a las familias son fundamentales para mejorar la evolución y la calidad de vida de estos niños.

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