Fotografía de Benito Galeano
Benito Galeano

Neurólogo

Hospital Puerta del Mar · Cádiz

En esta respuesta

Cómo se trata la epilepsia.

En pocas palabras

La respuesta organiza el tratamiento de la epilepsia en opciones farmacológicas y no farmacológicas, medidas cotidianas y actuación ante las crisis.

Ideas clave

Tratamiento farmacológico y elección de medicamentos.

Opciones no farmacológicas y medidas de control.

Actuación ante una crisis y situaciones de urgencia.

Vídeo resumen

La epilepsia es una enfermedad crónica que se manifiesta a través de crisis epilépticas recurrentes. Estas crisis se producen como consecuencia de una actividad anormal y excesiva de las neuronas de nuestro cerebro. Existen gran cantidad de tipos de epilepsia y de crisis epilépticas según donde se localicen las neuronas que presentan esta actividad anómala, por lo que las manifestaciones clínicas que se van a producir van a ser diferentes entre las distintas personas y además el tratamiento no será el mismo en todos los casos.

Actualmente, la mayoría de los pacientes pueden llevar una vida prácticamente normal, gracias a los tratamientos que tenemos disponibles.

Objetivos del tratamiento

Los objetivos principales del tratamiento de la epilepsia son los siguientes:

  • Desaparición de las crisis epilépticas.
  • Reducir al máximo la frecuencia e intensidad de las crisis si no pueden eliminarse por completo.
  • Evitar los efectos secundarios de los tratamientos.
  • Permitir presentar buena calidad de vida.
  • Buscar la autonomía personal, laboral y social del paciente.

Tratamiento farmacológico

El tratamiento principal de la epilepsia son los fármacos anticrisis, que buscan estabilizar la actividad eléctrica cerebral y disminuir la probabilidad de presentar nuevas crisis epilépticas.

¿Cuándo se inicia el tratamiento antiepiléptico?

Una de las preguntas más frecuentes que podemos hacernos tras una crisis epiléptica es si es necesario o no comenzar a tomar fármacos antiepilépticos. La respuesta no siempre es sencilla, ya que el hecho de sufrir una primera crisis no implica el diagnóstico de epilepsia.

Aunque muchas personas piensan que una única crisis implica que padecen epilepsia, esto no siempre es así. Algunas crisis, puede producirse de forma aislada en relación con circunstancias concretas como una alteración metabólica, el consumo de alcohol, fiebre elevada o determinadas enfermedades agudas. En estos casos probablemente no será necesario el inicio de tratamiento antiepiléptico.

Existen una serie de factores que aumenta el riesgo de tener nuevas crisis y su neurólogo los tendrá en cuenta para predecir la probabilidad de recurrencia. Estos factores son:

  • La aparición de más de una crisis no provocada.
  • La existencia de lesiones cerebrales visibles en pruebas radiológicas.
  • La presencia de alteraciones en el electroencefalograma.
  • Haber sufrido lesiones cerebrales previas, como por ejemplo un ictus o un traumatismo craneoencefálico.
  • Edad y situación clínica.
  • Determinados síndromes epilépticos bien definidos.

Las crisis epilépticas en determinadas circunstancias pueden ocasiones consecuencias importantes, como pueden ser caídas y traumatismos, accidentes de tráfico, lesiones durante actividades cotidianas, repercusiones psicológicas y sociales e interferencia con el trabajo o los estudios.

Además, presentar crisis repetidas puede afectar la calidad de vida, generando ansiedad tanto en el paciente como en sus familiares.

Elección del fármaco antiepiléptico

Existen numerosos medicamentes antiepiléptico y la elección del mismo, dependerá del tipo de epilepsia, la edad del paciente, la existencia de otras enfermedades, la toma de otros medicamentos de forma crónica y otras circunstancias como el embarazo o deseo de gestación.

Van a actuar diferentes niveles, por lo que a veces conjugamos diferentes fármacos con el objetivo de disminuir la excitabilidad excesiva presente.

¿Cómo se toman?

Es fundamental:

  • Tomar la medicación en todas las tomas prescritas.
  • Mantener horarios regulares.
  • No suspender el tratamiento por cuenta ajena.
  • Seguir las indicaciones médicas.

El olvido de alguna dosis suele ser una causa frecuente de crisis en pacientes epilépticos.

Efectos secundarios

Como cualquier fármaco, los antiepilépticos pueden producir efectos adversos. Los efectos secundarios más frecuentes suelen ser la somnolencia, el mareo o inestabilidad, molestias gastrointestinales, problemas de concentración, cansancio, visión doble, alteración del estado de ánimo… que se presentarán en mayor o menor medida según el fármaco pautado.

Por otro lado, existen algunos efectos secundarios típicos de algunos fármacos antiepilépticos como es el caso de erupción cutánea en fármacos como la lamotrigina o carbamazepina, la caída de pelo, temblor o aumento de peso en el caso del ácido valproico, la lentitud o pérdida de peso en el caso del topiramato o la irritabilidad en el caso del levetiracetam.

La mayoría de los efectos secundarios mejoraran con el paso del tiempo, ajustando dosis, aunque en ocasiones será necesario cambiarlos.

Tratamiento no farmacológico

En ocasiones la epilepsia no responde de forma adecuada al tratamiento farmacológico, denominándose epilepsias farmacorresistentes. En estos casos existen otras opciones terapéuticas:

Cirugía de epilepsia

En determinados pacientes, se consigue identificar la zona donde se inician las crisis epilépticas. Si esa zona se puede operar de forma segura sin riesgo de secuelas graves, la cirugía puede reducir de forma importante las crisis e incluso en ocasiones hacer que desaparezcan completamente.

Para identificar esta zona y comprobar la seguridad de la intervención, será preciso la realización pruebas complementarias: video-eeg, resonancia magnética de alta resolución, PET cerebral, evaluación neuropsicológica…

Estimulación cerebral

Algunos pacientes pueden beneficiarse de dispositivos que estimulan determinadas estructuras nerviosas, como, por ejemplo:

  • Estimulación del nervio vago.
  • Neuroestimulación cerebral profunda.

Dieta cetogénica

Algunos pacientes con epilepsia pueden beneficiarse de un tratamiento nutricional conocido como dieta cetogénica.

Esta dieta consiste en una alimentación con alto contenido en grasas, una cantidad adecuada en proteínas y una cantidad muy reducida de hidratos de carbono. De esta forma modificamos la forma de conseguir energía por parte del organismo, produciéndose unas sustancias llamadas cuerpos cetónicos. Estas sustancias pasan a convertirse en una fuente alternativa de energía para el cerebro y aunque aún no se conoce por completo el mecanismo, se produce una reducción de la excitabilidad de las neuronas y se disminuye la aparición de las crisis epilépticas en algunos pacientes.

Medidas no farmacológicas para el control de las crisis

Higiene del sueño

Uno de los desencadenantes más frecuentes de las crisis epilépticas es la falta de sueño.

Por ello se recomienda:

  • Dormir un número de horas de sueño suficientes (entre 7 y 9 horas).
  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.
  • Evitar trasnochar de forma habitual.
  • Recuperar el sueño perdido debido a viajes, trabajo…
  • Tratar trastornos del sueño como la apnea obstructiva del sueño.

Identificar y evitar desencadenantes

Algunas situaciones pueden favorecer crisis epilépticas en algunas personas, como es el caso de:

  • Privación de sueño.
  • Consumo de alcohol o drogas.
  • Estrés importante.
  • Ayunos prolongados.
  • Luces intermitentes.
  • Fiebre o infecciones.

Manejo del estrés y apoyo psicológico

Los pacientes con epilepsia, tiene mayor riesgo de sufrir ansiedad, depresión o estrés que la población general. Por ello, intervenciones psicológicas pueden ayudar a mejorar la adaptación a la enfermedad, reducir la ansiedad y el miedo a las crisis, mejorar la adherencia terapéutica y mejorar la calidad de vida.

Entre las intervenciones psicológicas destacan:

  • Terapia cognitivo-conductual.
  • Mindfulness.
  • Técnicas de relajación.
  • Programas de educación sanitaria.

¿Qué hacer ante una crisis epiléptica?

Presenciar una crisis epiléptica suele resultar una experiencia angustiosa y estresante. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones las crisis duran poco tiempo y finalizan de forma espontánea sin necesidad de ninguna intervención médica específica. Es importante saber como actuar, ya que de esta manera evitaremos lesiones y proporcionaremos seguridad tanto al paciente como a las personas que lo rodean.

Lo más importante, ante esta situación, es mantener la calma y si la persona pierde la conciencia o presenta movimientos convulsivos se recomienda:

  • Permanecer junto al paciente hasta que la crisis finalice y contabilizar el tiempo.
  • Proteger la cabeza colocando si es posible algún objeto blando debajo.
  • Retirar objetos peligrosos cercanos.
  • Si lleva prendas ajustadas alrededor de cuello aflojarlas.
  • Una vez finalizada, colocar a la persona de lado ya que en esta posición mantendremos la vía aérea abierta, facilitaremos la respiración y la salida de la saliva o del vómito, reduciendo el riesgo de aspiración.

Durante una crisis no se debe:

  • Introducir ningún objeto en la boca, una persona no puede tragarse la lengua durante una crisis, por lo que introducir algún objeto en la boca solo puede provocar lesiones dentales o atragantamientos.
  • Intentar sujetar con fuerza al paciente para detener los movimientos.
  • Dar alimentos ni agua.
  • Realizar maniobras de reanimación.
  • Mover al paciente salvo que exista un peligro inminente.

¿Cuándo debemos pedir ayuda urgente?

  • Si la crisis dura más de 5 minutos.
  • Si se producen varias crisis seguidas sin recuperación completa entre ellas.
  • Si se produce una lesión grave durante la crisis.
  • Si ocurre durante el embarazo.
  • Si presenta dificultades respiratorias importantes.
  • Si es la primera vez que presenta una crisis epiléptica.

¿En qué situaciones deberemos administrar tratamiento de rescate y qué medicamentos son los indicados?

La mayoría de las crisis finalizarán de forma espontánea en dos o tres minutos. Sin embargo, cuando una crisis se prolonga existe el riesgo que continúe y pueda evolucionar a una situación muy grave que se denomina estatus epiléptico.

Cuando una crisis dura más de unos pocos minutos, se puede administrar medicamentos de rescates para intentar detenerlas y si dura más de 5 minutos se deberá solicitar asistencia médica urgente.

Los fármacos de rescates más usados son aquellos que pertenecen a la familia de las benzodiacepinas, que actúan disminuyendo la actividad anómala del cerebro.

La vía de administración que usaremos será la bucal (en el interior de la mejilla) y la rectal.

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